Llegamos al albergue con las mochilas, los nervios y esa mezcla extraña de no saber todavía muy bien qué iba a pasar, pero intuyendo que algo grande estaba a punto de empezar. Poco a poco fuimos ocupando el espacio, decorándolo y dándole forma hasta convertirlo en algo más nuestro. El albergue dejó de ser solo un lugar donde dormir y empezó a parecerse a nuestro campamento, con nuestra energía, nuestros colores y ese primer ruido de convivencia que ya sonaba a Gazterock.
Cuando ya estábamos todas las personas participantes, nos reunimos en Helldorado para la presentación oficial del campamento. Allí estaba todo el equipo de monitorado y talleristas, y por primera vez pudimos ver de verdad a quienes nos iban a acompañar durante esos días. Fue un momento especial, de esos en los que notas que ya no estás simplemente llegando, sino que empiezas a formar parte de algo. Se explicó lo que nos esperaba, se pusieron caras a los nombres y empezó a crecer esa emoción colectiva que solo aparece cuando un grupo empieza a afinarse.
Y por la noche llegó el primer golpe de energía: el concierto de bienvenida de Old Time Spooks. Fue una manera preciosa de arrancar, con música en directo, escenario y la sensación de que el campamento empezaba de verdad justo ahí. Mientras sonaba la banda, pensé que no podía haber un comienzo mejor. Gazterock acababa de encender los amplificadores, y ya estábamos dentro.


