El martes arrancamos con el taller de merchandising, de la mano de Ruth, conocida como K Ilustra. Fue el momento de pensar en algo que también forma parte de cualquier banda: la imagen, el símbolo, el cartel para el concierto, esa parte visual que hace que un grupo empiece a reconocerse incluso antes de tocar el primer acorde. Nos pusimos a imaginar cómo queríamos presentarnos, qué queríamos transmitir y cómo convertir una idea en algo que pudiera llevarse puesto. Porque el rock and roll no solo entra por los oídos: también se dibuja, se estampa y se convierte en identidad.

Por la tarde llegó el último ensayo de combos, y eso ya se notaba en el ambiente. No era un ensayo cualquiera: cada grupo sabía que estaba apurando las últimas oportunidades para ajustar detalles, repetir las partes más complicadas y terminar de encontrar su sonido. Había nervios, concentración y también esa emoción de ver cómo las canciones, que al principio eran solo una idea medio desordenada, empezaban a sonar con más seguridad. Baterías, bajos, guitarras, voces y mucha actitud: todo iba encajando poco a poco antes de dar el salto al escenario.

Y por la noche llegó uno de esos momentazos que solo pueden pasar en Gazterock: karaoke en Helldorado. Micrófonos abiertos, temazos, clásicos, sorpresas y voces que quizá nadie esperaba escuchar con tanta fuerza. Fue una noche para cantar sin miedo, reírnos, soltar tensión y recordar que aquí lo importante no era hacerlo perfecto, sino vivirlo con ganas. Después de un día de camisetas, ensayos y nervios de concierto, cerrar cantando juntes fue como subir el volumen justo antes del gran estribillo.