El miércoles tocó cambiar de escenario y salir de excursión a Bilbao. Después de varios días viviendo entre ensayos, talleres, guitarras y horarios de campamento, coger la mochila y movernos en grupo se sintió casi como salir de gira. La energía del campamento viajó a nuestro lado: conversaciones en el camino, ganas de descubrir, bromas compartidas y esa sensación de que Gazterock también podía sonar fuera del albergue y de las salas de ensayo.
El viaje nos sirvió para respirar un poco, despejar la cabeza y tomar distancia del ritmo intenso de los días anteriores, pero sin desconectarnos del espíritu del campamento. Porque en Gazterock también se aprende caminando, mirando, compartiendo espacios nuevos y dejando que cada lugar aporte algo a la experiencia. Bilbao se convirtió por unas horas en otro escenario más de esta historia, con el grupo cada vez más unido y con la banda sonora interna del campamento sonando de fondo.

